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Café Instrumental

Agradezco de antemano la paciencia que tienen mis lectores. A veces puedo parecer que me gusta irme por las ramas. Por ejemplo, hoy me gustaría hablarles un poco sobre Heidegger, Horkheimer, Adorno y el café. La pregunta es la habitual, ¿Pero qué tienen que ver estos tipos con el café? Y mi respuesta también es la habitual: todo, tienen todo que ver.

¿Por quién empezamos? Empecemos por Heidegger. Este filósofo alemán se presta para que me detenga por mucho tiempo en sus postulados, pero mantengámoslo simple, vayamos al punto. Heidegger tiene un escrito donde se hace La Pregunta por la Técnica. En dicho texto, lo que el filósofo trata de averiguar es cuál es la esencia de la técnica. El tema es algo complicado de desarrollar aquí, sólo diremos que una de las conclusiones que podemos rastrear en este escrito es que la técnica puede des-ocultar el ser, interés primordial en la segunda etapa de Heidegger. ¿Pero qué es des-ocultar el ser? Podemos simplificarlo en lo siguiente: se trata de exponer, mostrar, ver las cosas como realmente son. En otras palabras, y si lo prefieren enunciar así por el momento, aunque lo haremos de manera provisional, se trata de encontrar la verdad de las cosas. Pero, pero, pero… ese rasgo fundamental de la técnica, y por ende de la ciencia y la tecnología, ha sido trastocado por la modernidad.

Heidegger afirma que la técnica moderna opera de una manera algo distinta. Pues, pese a que la técnica moderna sigue explorando las vías de la búsqueda del ser, ésta parece tener además otro tipo de esencia. Ésta ha mutado a algo, un tanto, perverso. Pues se dedica a la extracción de energía de la naturaleza y su subsecuente acumulación. Es decir, considerémoslo con seriedad, en un punto la esencia de la técnica era mostrarnos las cosas como realmente son. ¿Qué es realmente la luna, el sol, las estrellas? ¿Por qué el cielo es azul, la hierba verde, el mar salado? Todas esas preguntas podían encontrar su respuesta gracias a la técnica, la ciencia y con ayuda de la tecnología. Y en ese punto la esencia de la técnica no tiene otro motivo más que ayudarnos a entender esos fenómenos, explicar que son para comprender nuestro entorno, nuestro mundo y nuestro universo, nada más. Pero ¿qué sucede ahora con la técnica moderna? busca extraer energía, sacar algún provecho de la naturaleza. Hoy en día estudiamos e investigamos para ver de qué manera podemos explotar los recursos que la naturaleza tiene siempre como telón de fondo. Por ejemplo, hay que entender a las células madres para de esa manera fabricar medicinas que podamos vender. Ahora esa parece ser la esencia predominante de la técnica.

Hay un eco en otros dos filósofos, alemanes también, Adorno y Horkheimer. Ellos escribieron un libro que dentro de poco será un gran clásico de la filosofía, si no es que lo es ya. Dicha obra se conoce como La Dialéctica de la Ilustración. Allí, Adorno y Horkheimer realizan críticas que encuentro muy similares a las de Heidegger. Sería genial detenernos en esta obra, pero no contamos con el tiempo ni con el espacio. Sólo diremos que lo que le interesa a Horkheimer y Adorno es comprender las relaciones de dominación que vivimos en la modernidad. Su principal sospechosa será la racionalidad instrumental, que se parece en algunos aspectos a la segunda esencia de la técnica moderna que concibe Heidegger. La racionalidad instrumental es la manera en la que utilizamos nuestra razón para conseguir algún fin, obtener un beneficio. Para estos filósofos alemanes este tipo de racionalidad instrumental es la que domina la ciencia en la modernidad. Rastrean su operatividad desde la ilustración con filósofos como Francis Bacon, que, por cierto, podríamos decir que inventó los sistemas de refrigeración.

Para Bacon la ciencia tenía que tener un claro y único propósito, dominar la naturaleza. La ciencia debe ser capaz de ayudar a extender el dominio del hombre sobre la naturaleza, ese era el proyecto fundamental de Bacon que podemos encontrar en su Novum Organum. ¿No suena muy similar a la idea de extraer y acumular la energía de la naturaleza? Tanto para Heidegger, como para Adorno y Horkheimer, la ciencia desde Bacon, con el pensamiento ilustrado y con los positivistas tiene una marcada pretensión de envolver y explicar la realidad, contribuyendo así con la imposición y la provocación que la técnica moderna tiene como componente esencial y que produce una normalización en el hombre. Con esto queda claro que la esencia de la técnica moderna, es decir, la imposición y la provocación que llevan a la extracción y acumulación de las energías de la naturaleza, tiene un peligro muy importante, ya que desobjetiviza y deshumaniza.

Ahora bien, hace poco me topé con unos artículos que hablan sobre algunas variedades de cafeto que están a punto de extinguirse a causa del cambio climático del planeta. Dichos artículos afirman que de no hacer algo pronto, estas variedades se perderán para siempre. Uno pensaría que lo que tratan estos artículos es revertir el cambio climático para de esa forma salvar, no sólo a esas especies de cafetos, sino a un montón de especies más, tanto vegetales como animales. Pero no, en realidad parece que su interés es otro. Su argumento principal es que existe la posibilidad de que nos perderemos de diferentes sabores de debidas de café si no rescatamos dichas plantas cafeteras, que en su mayoría se tratan de especies silvestres. Se estiman que hay alrededor de cien especies de café, de los cuales sólo dos son usados para nuestras bebidas, a saber, el Coffea arábica y el Coffea canephora. Casi todo el café que consumimos proviene de estas dos variedades, pero principalmente de la Coffea arábica. Y aunque también se trabajan cultivos de Coffea liberica, Coffea racemosa, Coffea sthenophylla y Coffea abeokutae, esto se hace en mucho menos medida y escala, por lo que probar esos cafetos es muy raro, en realidad, cómo dije, nuestro café proviene de las dos variedades que hemos señalado más arriba.

Por esta razón dichos artículos hablan sobre las resultados que han arrojado las investigaciones sobre el riesgo de extinción de algunas de esas cien variedades que hemos comentado y que son, en su mayoría, plantas silvestres, y además de la importancia de invertir en más investigación y proyectar medidas de conservación para mantener dichas variedades de café. Pero mientras lo leía recordaba a los filósofos que he comentado más arriba. Pensé, “estos artículos de lo que en realidad están hablando es de salvar a esas especies de plantas para poder explotarlas, extraer y acumular su energía con ayuda de nuestra racionalidad instrumental, de forma que un estúpido neoyorkino pueda tener su café de Starbucks sabor cafeto exótico plus ultra”. En ningún momento los escritos hacían alusión o hablaban del derecho que esas plantas tienen a vivir y existir sin más, no toman en cuenta la precariedad y vulnerabilidad de la condición de dichas plantas, eso no importa, lo que importa es rescatarlas para explotarlas, esclavizarlas, devorarlas, extraerles su energía para acumularla en nuestro cuerpo, no perdernos de la experiencia de los nuevos sabores que hay por descubrir. ¿Exagero o es una actitud nefanda ante la vida?

Cuando se habla de la deshumanización en nuestra cultura que la técnica moderna ha acentuado, no estamos hablando de una quimera. Dichos artículos no ven a las plantas como seres vivos que tienen derecho a existir sin más. Nuestra ciencia parece que ya no piensa en ello, se enfoca más bien en cómo podemos explotar de mejor manera la naturaleza, y en este caso particular en cómo rescatar dichas variedades de café para ampliar el catálogo de sabores de nuestra bebidas para lanzarlas, eventualmente, al mercado. Cuando tenemos una taza de café en nuestras manos no hay que perder de vista, jamás, que se trataba de un ser vivo, por algo contiene energía, y se la hemos extraído para nuestro beneficio. Si sólo queremos salvar a las plantas para venderlas después, hay algo muy malo rondando en nuestra ciencia y en nuestra humanidad. ¡Oh humanidad! ¡Oh valiente nuevo mundo! ¡Oh mundo feliz!